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Waka Mercado

Estos días han sido muy duros para el sufriente pueblo de Amazonas, quién ha tenido que enfrentar los embates de una hiperinflación que pareciera no tener final. Los carcomidos bolsillos de los amazonenses se vacían en un dos por tres y se multiplica la amargura en miles de corazones.

Muchas son las historias que contar. Si tuviéramos que escucharlas ¿Cuántos corazones se rasgarían? ¿Cuántas lágrimas se derramarían?

Hoy voy a tocar el tema de las familias que pierden seres queridos y que tienen que pasar por momentos muchos más difíciles que los que la propia muerte origina. En el pensamiento cristiano están inmersas las llamadas obras de misericordia y una de ellas es la de enterrar a los muertos. Pero este hecho se ha convertido en algo prohibido.

Es verdad, que organismos oficiales han ayudado a muchas familias con el ataúd o con materiales de construcción sobre todo la Gobernación de Amazonas y la Alcaldía de Átures. Pero es solo un donativo…. No hay obligación desde la perspectiva de una Ley Regional o una Ordenanza Municipal que garantice a toda persona de bajos ingresos a tener este respaldo del Estado.

En esta semana que pasó alguien fue a preguntar en una empresa donde hacen ataudes en Puerto Ayacucho. Alguién escuchó que hubo una pregunta: ¿En cuánto están vendiendo un ataúd? Le dieron un precio: 290.000.000,00? Eso fue en horas de la tarde. Mientras buscaban el dinero, se terminó el día. En la mañana siguiente fueron con el dinero para adquirir el ataúd….. Le dijeron hoy cuesta: 390.000.000,00. Con lágrimas en los ojos y desesperanzados, tuvieron que retirarse del lugar.

Mi pregunta: ¿Hasta este extremo ha llegado la deshumanización en Venezuela y muy concretamente en el Estado Amazonas? ¿Quién asume la responsabilidad de construir un nuevo humanismo en este sufriente pueblo? La muerte de mucha gente en Amazonas se está convirtiendo en un problema de humanidad y solidaridad entre la gente.

A eso se suma, que una ayuda o subsidio que tenía la gente de Amazonas, también desapareció profundizando así la crucifixión del pueblo. En el Cementerio de Payaraima (Puerto Ayacucho) en forma permanente habían unos obreros dedicados a abrir las fosas necesarias para los entierros. Estos obreros desaparecieron. No tengo idea cuando ocurrió eso. Si alguien lo sabe, manifiéstenlo para conocer con mayor profundidad el problema. Los familiares tienen que contratar a personas para hacer ese trabajo, a veces con cifras monetarias bien altas y además comprar materiales, entre ellos cemento y cabilla a precios bien altos.

Es necesario colocar este problema en la discusión pública, sugerir soluciones y cumplir con la gente de Amazonas. Esperamos que personas de buena voluntad abran su corazón a la gente que sufre por la pérdida de un familiar.

Juan Noguera. CNP: 22.732

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