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Según el pastor evangelico Andres Garcia, la crisis de credibilidad que vive el liderazgo político nacional, es evidente y contundente. Afecta a ambos grupos por igual y la posibilidad de recuperarse pasa por asomar nuevos rostros, nada fácil de ocurrir si se toma en cuenta que ambos cogollos están aferrados a sus cargos y sin idea alguna de abandonar el poder.

El madurismo, al desmarcarse de las políticas públicas que venía ejecutando el presidente Hugo Chávez, cayó en un abismo de incredibilidad producto de los errores políticos de Nicolás Maduro, una desbordante corrupción administrativa y una escasez alimentaria difícil de controlar, ante el paro empresarial convocado por el sector opositor, dispuesto a asesinar con hambre la ideología chavista.


Diosdado Cabello, el líder con más alto rechazo, fue claro al negarse a rectificar, una vez ocurrida la contundente derrota del 6D del 2015, más por voto castigo, que por la crisis que comenzaba a mostrar sus garras en aquel momento. Sin embargo todo el liderazgo madurista creyó ser arrastrados por la imagen de Hugo Chávez como símbolo político, y la verdad llegó con los votos, rechazo contundente a una gestión de gobierno con tres años en caída libre en aquel entonces, pero la rectificación aún sigue su espera. Continua el mismo liderazgo frente al PSUV, y a nivel de gobierno, solo enroques que deterioran aún más la credibilidad de Nicolás Maduro, recién vio esta realidad con unos resultados electorales oscuros, donde más de tres millones de chavistas se abstuvieron, si son ciertos los resultados de las elecciones municipales, donde el madurismo obtuvo más de nueve millones de votos.


Doy fe de muchos amigos que acudieron a sufragar, tal vez por Maduro, pero alguien lo hizo por ellos. En los municipios interioranos de Amazonas, la trampa fue mayor, que de realizar alguna muestra, los resultados serán sorprendentes.


Pero no es diferente la situación en el seno de la Mesa de la Unidad Democrática, donde la invitación para echar a Maduro del poder el 1 de septiembre del 2016, se convirtió en su propia guillotina. La convocatoria fue contundente con alta asistencia de su militancia en una masiva concentración, que no concluyó en nada, fue un engaño más, al no poder superar la concentración madurista en la Avenida Bolívar. Contrariamente Maduro se reafirmó en el poder, no fue sacado en aquel momento, pero si los líderes de la MUD encabezados por Chuo Torrealba, obligados a renunciar al demostrar meses después, la perdida de convocatoria. El pasado 20 de mayo, la sorpresiva baja votación de Henry Falcón, espantó hasta los medios de comunicación que lo aupaban, tras ser evidente la merma de apoyo.


Seguros de profundizar aún más la crisis alimentaria que lidera su grupo de empresarios, retoman su ofensiva contra el gobierno afincados en el apoyo de Donald Trump con unas sanciones, que concretarán con hambre la muerte de miles de venezolanos, es decir, se empecinaron en destruir este país, pero sin una estrategia clara para lograr su objetivo de echarlo del poder y sin presentar un proyecto de país que permita reagrupar las fuerzas dispersas, después de aquel primero de septiembre.


A cuatro años de la contundente victoria del 6D, el fracaso parece evidente nuevamente al asomarse una división que seguramente hará perder mucho, el ya mermado apoyo popular. “Están en una situación doblemente difícil: luchan contra una fuerza que tiene el poder económico, militar y político; y lo hacen fraccionados, sin organización sólida, y con pugnas internas insalvables”, comentó Luis Vicente León, presidente de la firma Datanálisis, en un momento.


Sondeos de opinión antes del pasado proceso electoral, revelaban que los venezolanos rechazan la gestión de Nicolás Maduro, producto de la alta inflación, la escasez de alimentos, medicinas y hasta de dinero en efectivo, pero aun así, no le fue bien a una oposición dividida, capitalizar el descontento con un fuerte apoyo popular, debido a la mermada credibilidad de sus líderes, que bajó a 38%, según Keller y Asociados. “Hubo altísimas expectativas que no fueron satisfechas. La oposición ha carecido de una estrategia de poder”, admitió Jesús Torrealba.


La prensa internacional, que por varios años apoyó los grupos opositores, ahora se vuelve en su contra revelando la falta de credibilidad de la oposición venezolana ante la opinión pública. “La oposición perdió confianza y generó desconfianza entre sus huestes, y demostró no estar en capacidad de ofrecer una respuesta cónsona con las expectativas de que en un momento había levantado”, describió en aquel momento el copeyano Nelson Chiti Laroche, haciendo referencia a las promesas de acabar con el Gobierno de Nicolás Maduro.


Veremos cómo le va con Donald Trump dirigiendo las operaciones directamente desde Washington, azuzando a Luis Almagro y la Conferencia Episcopal Venezolana contra Maduro, toda vez que los líderes de la oposición se embolsillaron el dinero de Obama y el suyo, sin resultado positivo alguno.


El Jefe de Estado con una victoria no del todo clara, se anotó varios puntos luego de que todo ese tema alrededor de la salida a través del referendo revocatorio, y luego de que el diálogo iba a provocar su salida, se vino abajo y le dio respiro para permanecer seis años más en el poder, si es que logra mejorar un deterioro económica que de continuar, como todo parece indicar, lo pondría al borde de un jaque mate.

Por Andrés García Bolívar

 

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