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Waka Mercado

Cada día amanecemos con nuevas y vergonzosas noticias de corrupción, frente a un gobierno sin voluntad política para enfrentar a sus propios partidarios y militantes de la oposición que impunemente cargan con los recursos de todos los venezolanos. Con urgencia se requiere una reforma estructural para identificar, castigar e imponer autoridad, y producir un cambio ejemplarizante que dé al traste con la deplorable corrupción administrativa con que se alimen-ta la oligarquía corrompida de este país.

Es vergonzoso leer sobre los 25 mil millones de dólares desaparecidos de Cadivi, los elevados sobornos que se cobran en las empresas administradas por el Estado, ministerios, gobernaciones y alcaldías sin que los responsables sean enfrentados a la justicia, y peor aún, la recompensa con que premian a estos funcionarios, facilitándoles posiciones legislativas o asignándoles posiciones de mando en el tren ejecutivo, situación que muestran la magnitud de la degradación de valores y la quiebra institucional que caracteriza el ejercicio del poder político.

Solo un cambio en las políticas de estado impedirá que el país sucumba ante la corrupción y la impunidad, que demandan una acción rápida antes de que sea demasiado tarde. Frente a la nula lucha contra la corrupción, seguiré insistiendo en que puede lograrse aperturando pagi-nes en internet para que los movimientos y fuerzas sociales del país, personalidades y ciuda-danos de todos los estratos sociales y de distintas orientaciones políticas, denuncien pública-mente a fiscales, jueces, ejecutivos y cuerpos de seguridad implicados en delitos contra la cosa pública.

Al presidente Nicolás Maduro corresponderá la decisión de evaluar las pruebas con un grupo de profesionales de credibilidad, para limpiar la administración pública, estado por estado. Así encabezaría un ambicioso proyecto de contraloría social que sin duda, conducirá hacia el cambio que contribuirá a revertir el proceso de deterioro institucional y frenar la amenaza de anarquía colectiva dentro de las instancias del poder público.

De acciones transparentes como ésta, dependerá en mucho la pervivencia de los principios de cambios liderados por el comandante Hugo Rafael Chávez Frías, quien como todo ser humano cometió errores, pero abrió el camino construido por nuestro pueblo con sacrificio, sudor y lágrimas, para que los recursos de la renta petrolera bajaran hasta las clases más deprimidas.

La corrupción y la impunidad se han instaurado en el país como característica principal de un sistema en decadencia, pero con hombres y mujeres valientes para levantar del piso la bande-ra de la ética y la moral que pongan fin a la extracción, acaparamiento y continuos incrementos de precios que conducirán a este país hacia una catástrofe humanitaria.

Produce impotencia cuando se observa el hambre que ataca las poblaciones indígenas, ver niños desnutridos y saber que los fiscales del Seniat, efectivos de los cuerpos de seguridad y altos ejecutivos de gobiernos regionales y nacional, facilitan formas distintas de contrabando para cruzar combustible, alimentos de Mercal y Pdval y hasta equipos y mercancía robada. Venden las casas construidas por la Misión Ribas, cargaron con el dinero de la agricultura, de consejos comunales y los recursos para mantenimiento menor de escuelas. Cargan con ali-mentos y bienes para los que vivimos en pueblos pobres con niños enfermos, porque hasta medicamentos y recursos hospitalarios son vendidos sin que exista autoridad alguna que pon-ga freno a este deterioro moral.

El hambre es una realidad impulsada por el sector empresarial, operadores políticos naciona-les y regionales, y el gobierno nacional. Esta aguda escasez alimentaria es soslayada por quienes ejercen el gobierno en todos sus niveles, llamase oposición o chavismo, es decir, desde las instancias del gobierno nacional hasta la más pequeña alcaldía, todos son respon-sables por complicidad o sencillamente por desviar hacia otros fines, las asignaciones presu-puestaria para el sector agropecuario. En gobernaciones y alcaldías es muy baja o nula la inversión en agricultura. Todo se invierte en proyectos de construcción de obras para cobrar el respectivo 20% de soborno.

La dirigencia política regional y nacional exhiben sin vergüenza alguna, su frondosa prosperi-dad, constituida por costosos vehículos, hermosas quintas, hoteles, fincas, ganado, posadas turísticas y otros bienes. Andan seguros de que no habrá autoridad que exija rendición de cuentas, para ello cuentan con poderosos padrinos con quienes comparten el dinero obtenido por vía ilegal.

Cristo en su Palabra dice: “Dios no da por inocente al culpable”. Tarde o temprana llegará el poder de su justicia. Dice: “la injusticia que el hombre hiciere vendrá contra él” y “horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo”. La ira de Dios viene contra los hijos de desobediencia. Permite que el castigo venga con enfermedades dolorosas y duraderas, destrucción de la familia, hijos que se van por malos caminos y hasta encarcelamientos. Convertirse a Cristo significa apartarse de la vanagloria, avaricia y vanidad, es decir, hay que regresar lo robado, lo obtenido por soborno y avaricia. Es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios. Apropiarse del dinero y de los bienes de todos es maldición. A César, lo que es de César, y a Dios, lo que es de Dios. Mejor dicho, a cada quien lo que es suyo.

Venezuela es de Jesucristo

Por Andrés García Bolívar

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