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Ciertamente en Venezuela vivimos tiempos de incendio (como ese título de la obra de José R. Duque), una época de mucha dificultad, tanto que no sabemos si a estas alturas todavía falta por empeorar o si ya es suficiente para los perros de la Guerra (esos que hoy en día están a la vista de todos); la historia registra en la humanidad casos similares a estos, pero no es lo mismo leer sobre algunas experiencias que vivir en carne propia los embates de una guerra que algunos llaman no convencional, por el hecho de no existir enfrentamientos armados constantes y masivos, pero que al final el objetivo es el mismo, Matar; matar de hambre, matar de enfermedades, matar de tristeza, matar esperanzas, matar el amor entre hermanos y entre amigos, pero matar al fin como en toda guerra.

Al cabo de 2000 años, aún existen cruces  y azotes, Venezuela carga la suya, también existen verdugos y esos herederos de Judas, algunos que ya dieron el beso de la traición y otros que aún esperan pacientes mientras sacan un poco más de aquellas viejas 30 monedas de oro (o gramas, o kilos o litros de gasolina).

En estos días de muchos sismos, se hace tan difícil hablar de revolución sin que esto produzca el señalamiento agresivo de unos pocos distanciados de la realidad y cegatos por el odio, que  a veces alucinan por la fiebre que les produce el cólera. Pero es hoy, cuando verdaderamente se hace menester hablar de REVOLUCIÓN, porque paradójicamente es esta la causa que combate la injusticia y protege al más vulnerable frente a los más mezquinos (el pueblo lo está viviendo y por eso lo sabe). Si ayer era bonito pronunciar la palabra “REVOLUCION” desde la comodidad de la estabilidad con un petróleo en 109 dólares el barril, hoy en turbulencia es ARRECHO y solo para arrechos.

«La libertad -dice Rousseau- es un alimento suculento, pero de difícil digestión». Es por eso que la libertad no es cosa de pendejos; he visto a algunos machos “revolucionarios” cagarse en los pantalones de la crisis y abandonar el camino, como también he visto a algunas abuelitas limpiar la sangre de sus nietos aupando la lucha y en lo personal me consta. Por eso, cuando pase el temblor sabremos de qué estamos hechos.

Hoy sabemos el valor de las cosas, hoy sabemos de sacrificios y sabemos, que lo que sucedió con Cristo en la cruz del calvario no fue cualquier guevonada. Hoy miramos algunas caras del desprecio a los invisibles de siempre, mucha xenofobia, homofóbia, rabia, de desprecio a nosotros los hijos de los nadie (como los llamo Galeano) y como nos dijera el comandante Chávez “los hijos de los derrotados de siempre”, solo que nosotros no vamos a perder, porque nosotros venceremos.

Magno Alejandro Barros

Puerto Ayacucho-Estado Amazonas

11/04/2018

 

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