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Waka Mercado

Una ola de paludismo con decenas de muertos, recorre la región sur del país, de un lado a otro, justo cuando el tratamiento es insuficiente y la escasez alimentaria, acosa por otros flancos.

La cola para el examen de Gota Gruesa es larga, y las estadísticas en los municipios del interior, crecen como el fuego, reveló un trabajador que exigió la reserva de su identidad, ante el silencio de las autoridades sanitarias, frente a una epidemia fuera de control, que, entre sus muertos, registra dos enfermeras del Hospital José Gregorio Hernández.

Van noventa mil casos de paludismo en lo que va de año, y de no aplicarse los métodos de control del vector, se espera que se duplique para el año próximo, comentó cuando extraía una muestra de sangre a una indígena, de las casi cincuenta que había en la cola, cuyo análisis resultó positivo.

Los vehículos utilizados para fumigaciones en la ciudad, están dañados, sin cauchos y sin combustible, añadió, confesando que la situación se hace más crítica en las comunidades del interior y los ejes carreteros, por lo difícil del transporte. En muchos casos lo hacíamos hasta en motos, pero están como los carros, arrumadas en el taller.

Aquí hay tratamiento, pero en el interior son escasas las dosis, aunque efectivos de la Guardia Nacional decomisaron varios lotes comprados en Colombia y Brasil. Iba rumbo a las minas del interior donde su valor supera el millón y medio de bolívares. Reconoció que también hay extracción de medicamentos suministrados por el Gobierno Nacional, pero que corresponde a las autoridades dar con los responsables.

Un indígena que tiritaba de frio, daba gracias a Dios por haber llegado a la sede de Malariología. En mi comunidad hay más casos de paludismo que no pueden venir porque no hay gasolina, dijo con sus brazos cruzados y casi sin poder hablar, ante la achicharrante fiebre y el notorio malestar que recorría su cuerpo.

Venimos de la desembocadura del Ventuari, reveló su acompañante. Por allá no se puede comprar gasolina. No tenemos dinero. Aquí hay que pagar casi 600 mil bolívares para sacar el permiso y en Puerto Venado cobran 500 dólares para despacharla. Estamos combatiendo el paludismo con remedios caseros. Muchos gritan por los fuertes dolores de cabeza y los niños mueren muy rápido, dijo luego de comentar varios casos, en diferentes comunidades.

El trabajo en Malariología es intenso, el paludismo no da tregua y en la cola se detectan entre cien y ciento cincuenta casos por día. Las personas llegan envueltas en todo tipo de abrigo solicitando con urgencia ser atendidos. Una señora murió de paro cardiaco después de haber ingerido la dosis contra el paludismo, en un populoso sector de la ciudad.

En tanto, Edgildo Palau, máximo líder del PSUV y dueño y señor del poder. El gobernador Miguel Rodríguez y los alcaldes de los siete municipios, andan muy pendientes de su grupito de contratistas y proveedores que los benefician con importantes reintegros. Qué muera un indio por paludismo, cuanto importa eso a ellos, nada, pero a los familiares si, y bastante. Hogares de niños huérfanos y otros adoloridos por la pérdida de uno de sus miembros.

La nota triste la ponen dirigentes políticos opositores, que exigen a Estados Unidos y otros países, endurecer sus medidas contra Venezuela, donde el hambre, desnutrición y enfermedades maláricas, comenzaron a llevar gente al cementerio. Eso les parece poco, quieren más muertos para saciar su sed de sangre y pobreza. Así nos someterán a todos, como en Etiopía.

Ellos solo piensan aumentar su riqueza, más de la que ya tienen, no en los pobres, dijo el indígena visiblemente molesto, al enterarse de las declaraciones de la canciller colombiana, María Angela Olguín. Nos están violando los derechos humanos y acusan a Nicolás Maduro de violentar nuestros propios derechos. Cerraron las industrias productoras de medicamentos y alimentos, y extraen lo poco que hay. Esta dirigencia liderada por la Iglesia Católica, Henry Ramos Allup, Julio Borges y Antonio Ledezma, un día dará cuenta de su criminalidad, al Dios del cielo, concluyó.

Por Andrés García

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